La cordillera de San Juan ha experimentado su primera nevada significativa, cumpliendo con las previsiones meteorológicas. Durante los últimos días, se han registrado acumulaciones de nieve que varían entre 25 centímetros en la cuenca del río San Juan y 30 centímetros en la cuenca del río Jáchal. A pesar de esta precipitación, los expertos alertan sobre la naturaleza tardía de este fenómeno, la más retrasada en los últimos tres años, lo que plantea serias dudas sobre la preparación para la próxima temporada de escurrimiento y el suministro hídrico en la provincia.
La preocupación radica en los plazos de este evento. Comparado con años anteriores, donde las nevadas se produjeron entre abril y principios de mayo, las condiciones actuales muestran una dilatación en la llegada de las precipitaciones, extendiendo la espera hasta mediados de junio en 2026. Esta situación reduce considerablemente el tiempo disponible para la acumulación efectiva de nieve que garantice el suministro de agua tanto para el consumo humano como para el sector agrícola durante los meses de calor.
En un reciente diálogo, David Devia, secretario de Recursos Hídricos, expresó su pesimismo sobre el panorama futuro, afirmando que se prevé "el peor de los escenarios". Hasta antes de este temporal, la acumulación hídrica en la provincia era nula, registrándose solo una nevada menor en abril que no aportó caudal a los ríos. Esta información es crucial para la adecuada planificación, dado que se mantiene un estado de alerta frente a la posible continuidad de la escasez hídrica durante los próximos meses, a pesar de ciertos pronósticos que apuntan a nuevas nevadas.
La vigilancia continua sobre la cordillera se ejecuta mediante tecnología avanzada proporcionada por la NASA, la cual utiliza tres sistemas distintos para triangulación de datos y mejorar la precisión en las estimaciones de escorrentía. Esta información es fundamental para la toma de decisiones en el contexto actual, donde las nevadas podrían no ocurrir en áreas que alimentan los ríos locales, aumentando la incertidumbre sobre el suministro de agua.
Adicionalmente, el fenómeno de El Niño, que históricamente ha contribuido a incrementos en las precipitaciones, está experimentando un retraso que no necesariamente beneficiará a la cordillera sanjuanina. Las actuales proyecciones sugieren que este fenómeno podría manifestarse más a través de lluvias en lugar de nevadas, afectando predominantemente la región este del país.
Ante estos desafíos climáticos, la provincia ha comenzado a implementar metodologías de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para elaborar índices de sequía que permitan una mejor evaluación de la situación y, por ende, la alerta temprana a la comunidad y sectores productivos sobre la gravedad de la crisis hídrica que podría anticiparse.
